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14 de octubre 2016

«100 preguntas sobre sexualidad» y discapacidad

En Chile existen más de dos millones de personas en situación de discapacidad,  parte de sus dudas también se registraron en el libro de las “100 preguntas sobre sexualidad” de la Municipalidad de Santiago. Lejos de esta polémica y las «100 preguntas», las personas con discapacidad reivindican sus derechos y buscan vivir libremente su sexualidad: van a moteles, compran juguetes sexuales, quieren ser padres y madres.

Por Renata Ahumada

El texto «100 preguntas sobre Sexualidad Adolescente que lanzó la Municipalidad de Santiago junto a Espacio Amigable abrió nuevamente el debate sobre educación sexual en Chile. Entre quienes hicieron preguntas, a la espera de una pronta respuesta, también habían estudiantes con diferentes tipos de discapacidad que pertenecen al Programa de Integración Escolar y que encontraron espacio para plantear sus dudas.

En Chile, el 20% de las personas de 18 años o más -o sea 2.606.914 personas- se encuentran en situación de discapacidad, según datos del Segundo Estudio Nacional de Discapacidad, incluyéndolas así en las estadísticas de sexualidad del país, aunque muchos no las quieran ver. “Las personas con discapacidad, efectivamente, tienen menos acceso a la educación sexual porque muchos las ven como eternos niños, personas asexuadas o porque ven la hipersexualidad como un síntoma”, asegura la matrona Carolina Schwengel del Observatorio de Derechos Sexuales y Reproductivos  y Discapacidad.

 

Gráfica da cuenta del porcentaje de hombres y mujeres en situación de discapacidad.

Gráfica da cuenta del porcentaje de hombres y mujeres en situación de discapacidad.

Las organizaciones internacionales que trabajan en materias de derechos humanos, ya cambiaron el paradigma biomédico por uno biopsicosocial respecto al tema, reconociendo que las personas en situación de discapacidad tienen un derecho legítimo a ejercer sus derechos sexuales y reproductivos y a formar una familia. Chile se unió a estos parámetros en 2008, ratificando la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas. Sin embargo, aún existen fallas en el sistema que no permiten su aplicación.

La sexualidad activa la viven todos

Carolina Pérez (36) tuvo un accidente hace once años atrás que la dejó con una lesión en la médula espinal, quedando con tetraplejía. Un par de años después comenzó a hacer su historia pública, “si nadie habla del tema, ¿cómo podemos hablar de educación sobre el mismo?”, asegura. Para ella, uno de los grandes problemas es que campañas como la Teletón nos ponen en el colectivo social como “angelitos” y no como individuos con derechos, por lo que no se concibe la idea de que las personas con discapacidad también tienen una vida sexual activa, “hay maternidad, hay juegos sexuales, también se va a moteles como cualquier otra persona”, comenta la conductora del programa «Saliendo a Flote» de Radio Universidad de Chile.

Pero no sólo es un problema de reconocimiento de derechos,  también existe una dura crítica a la forma en que el sistema de salud –tanto la pública, como la privada- trata la sexualidad de estas personas. En Chile, la esterilización forzada a mujeres con discapacidad mental se realiza sin su consentimiento. Isabel Fuenzalida, estudiante de Terapia Ocupacional, asegura que es habitual escuchar a padres y madres de mujeres jóvenes con Síndrome de Down, que lo hacen cuando ellas son pequeñas, mientras que de adultas, esas propias mujeres revelan su anhelo de ser madres algún día.

Según la Ley de Transparencia, desde 2003 y 2015, se han formulado 78 solicitudes de esterilizaciones al Estado, 74 de ellas involuntarias o forzadas y solo cuatro  voluntarias. “El problema está en que no todos entienden que son personas que tienen derechos y necesidades como cualquier otra, de hecho, a los padres se les convence que la mejor opción es esterilizar”, dice Carolina Schwengel  de ODISEX. La sexualidad y su educación es un deber del Estado para todos y todas.