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30 de septiembre 2016

Educación superior e inclusión: más tejido social para derribar barreras de acceso

La Universidad Diego Portales realizó este miércoles el Seminario Internacional «Buenas prácticas de inclusión en la educación superior», en el marco de la reciente aprobación de su Política de Inclusión. En la jornada, se desarrollaron dos mesas: la primera sobre Educación Superior y sus desafíos en materia de derechos y la segunda respecto a la accesibilidad de las personas con discapacidad en espacios universitarios fue moderada por Mónica Maureira, docente UDP y coordinadora de SIGA Chile. Sobre accesibilidad expusieron Georgina García, académica de la Universidad de La Serena y coordinadora Red Nacional de Educación Superior Inclusiva; Ricmir Davila psicólogo y músicoterapeuta del Centro de Atención Sicológica del Estado de Falcón, Venezuela y Consuelo Achiardi, coordinadora del Programa para la Inclusión de Alumnos con Necesidades Especiales de la Universidad Católica, (PIANE UC).

Texto: Catalina Ellies

Foto y audio: Alexis Sánchez P.

En 1960 ingresaron por primera vez a la universidad trabajadores y personas con discapacidad, mientras que la Ley de Educación Superior (20.843) data de 1980. Según Georgina García de la Universidad de la Serena “esta ley excluye doctrinas o puntos de vistas que enriquecen la enseñanza, evita discutir de otros sistemas formativos».

García expuso sobre cómo obtener la accesibilidad universal y conseguir a través de ella, la participación de las personas con discapacidad. Explicó que la educación es un bien público que debe garantizar el Estado, recalcando  la importancia que debe tener el Ministerio de Educación (MINEDUC) en diseñar orientaciones para las universidades y el trabajo conjunto. “La construcción de un tejido social es un criterio que tenemos muy al debe, debemos revisar la ayuda humana y técnica hacia las PeSD, pero también los factores ambientales que muchas veces son barreras para que ellas vivan de forma plena”, argumentó.

Puso como ejemplo Suecia, país donde se construye el entorno sin barreras, a diferencia de Chile donde las políticas públicas se crean juntamente a partir de ellas (las barreras). Comentó la experiencia de la Universidad de La Serena, que imparte permanentemente charlas motivacionales a estudiantes con  discapacidad, capacitación en Lengua de Señas, entre otras acciones destinadas a promover una cultura inclusiva. Concluyó su presentación afirmando que “el Estado de Chile es mezquino con la diversidad, en especifico con las personas con discapacidad; debe haber un cambio de paradigma para que las cosas empiecen a cambiar”, enfatizó.

Ricmir Davila, comentó la experiencia de trabajo en Venezuela, donde el 2007 se crearon lineamientos  públicos para personas con discapacidad. Se realiza un censo para estudiantes que ingresan a la universidad para saber qué situación de discapacidad tienen; espacio en el que hay cupos especiales para ellos, en el caso de no ser seleccionados por admisión regular.

Destacó el papel que tienen los profesores en el apoyo a estudiantes con discapacidad, en lo clave que son en motivarlos a través de una enseñanza íntegra, principalmente, a quienes están en una situación de discapacidad, quienes necesitan de un apoyo inicial y esencial. “Hay que tener claro que los estudiantes con discapacidad tienen que egresar con ciertas aptitudes y competencias, no por ser persona con discapacidad se le va a aprobar sólo por esa situación, hay que ser consientes también de que tienen que egresar con las herramientas adecuadas”, explica.

Consuelo Achiardi del PIANE-UC expuso sobre la accesibilidad universal en el currículo universitario. Recordó que en 2016, se matricularon 63 alumnos con discapacidad en la Universidad Católica. El programa tiene como objetivo promover la inclusión de estudiantes con discapacidad,  en todos los ámbitos del quehacer académico y de la vida estudiantil, buscando otorgar condiciones de equidad e igualdad de oportunidades para los estudiantes que presentan necesidades educativas especiales, asociadas a discapacidad sensorial o motora.

Achiardi planteó que el concepto de inclusión debía alcanzarse luego de disminuir las barreras, posibilitar la participación y favorecer la equidad. “Hay que velar porque las personas ingresen a la universidad, permanezcan y egresen y mucha gente sólo se centra en que ingresen, olvidándonos del resto que otorga efectividad al proceso educativo”, dice.

Las barreras que obstaculizan esta plena inclusión de personas con discapacidad en las universidades son tangibles (infraestructura, pedagógicas, tecnológicas y comunicacionales) e intangibles (conocimientos, creencias y actitudes). “Los profesores se imaginan que esto (la inclusión) será terrible, más de lo que en verdad es. Ser inclusivo es un trabajo completo y que requiere el esfuerzo de toda la comunidad”, plantea. Enfatiza en que existe una «cadena que crea inclusión» que es apoyo y adaptación; estos dos primeros pasos, desembocan en accesibilidad.

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