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28 de julio 2016

Entrevista a Carolina Pérez: “Si pudiera volver el tiempo atrás, no cambiaría nada de lo que he vivido, soy feliz con mi silla, somos una sola”

Hace 11 años, la vida de Carolina era una maratón, salía todos los días a las 5.30 de la mañana de su casa y llegaba, a las 12 de la noche. En 2005 tuvo un accidente automovilístico que dio un giro a su vida. Ahora sigue siendo una persona muy activa, pero toma la vida con mucha calma y disfruta más. Cree que el accidente le sirvió para bajar las revoluciones; la ha ayudado a conocerse a ella y a quienes la rodean, que por su forma de vida anterior, eran casi unos desconocidos. Hoy, hace clases en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, conduce el programa radial Saliendo a Flote, hace charlas motivacionales, y trabaja en turismo accesible; todas actividades con el propósito de ser un aporte para la inclusión de las personas con discapacidad. En 2015, ganó el premio Mujer Impacta con su compromiso con este tema. 

Por Catalina Ellies

Carolina Pérez (36) tuvo un accidente automovilístico hace 11 años que la dejó tetrapléjica y sin movilidad ni sensibilidad desde el cuello hacia abajo. Antes de eso era una persona hiperactiva y vivía una vida maratónica: se levantaba de madrugada todos los días, a las 7 AM ya estaba nadando en la piscina de la Asociación de Jóvenes Cristianos, a las 9 trabajando en el Hotel Ritz, donde hacía terapia de acupuntura y masajes, jugaba tenis, practicaba Aikido (arte marcial de origen japonés) y estudiaba medicina china en la noche. Todos los días llegaba a su casa pasada la medianoche. Después del accidente su vida sigue siendo igual de activa pero ahora tiene límites de horarios, hace muchas cosas en el día pero más pausadas y sabe perfectamente cuál es sentido de cada una de ellas. “Mi vida sigue igual de intensa. En ese tiempo, eso no era vida, creo que nunca me respeté, uno no puede hacer tanta cosa sin ningún objetivo, yo lo hacía porque no quería escucharme, estar conmigo, me escapaba de mí misma, no me conocía. Ahora he aprendido a conocerme a mí y a mi entorno porque nunca tuve tiempo de saber quienes me rodeaban, cómo se sentían y quienes eran”.

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En la foto: Carolina Pérez, conductora del programa Saliendo a Flote, sonríe.

Hace charlas motivacionales en municipalidades, centros comunitarios, de rehabilitación, empresas. “Los tiempos en que hago esto son bien relativos y depende de cuándo me llamen, cada vez que trabajo aprendo bastante”. Recuerda como la mejor experiencia fue su visita a la ex Penitenciaría, donde entró con mucho prejuicio y miedo, pero se encontró con una realidad totalmente distinta. “No sé quién motivó a quien, me abrazaron muy fuerte y me llenaron de besos, de todas las charlas motivacionales que he hecho en mi vida esa ha sido la más gratificante, independiente de lo que hayan hecho, no los puedo dejar de valorar como seres humanos”. Otra de las charlas decisivas en su vida, fue hace 8 años, en el aula magna de la Universidad de Chile, donde había 450 personas escuchándola. Cuando terminó su exposición le ofrecieron hacer clases en la Universidad.

-«Nos encantaría que pudieras hacer clases acá»-, le dijeron.

-«Pero si yo no soy docente»-, respondió.

-«No importa, te vas a transformar en una»-.

“Esa última frase fue un trampolín de aprendizajes y oportunidades para mí y yo la tomé y no la solté más y aquí estoy, llevo 7 años haciendo clases, tengo muchas ganas de expandir mi trabajo docente que es algo que me enamora, no solamente en la universidad, si no también en colegios, o cajas de compensación con cursos para adultos mayores» afirma.

Actualmente, Carolina Pérez desarrolla un curso de formación general en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile llamado «Integración del universo de la discapacidad en la sociedad actual». “Los resultados con los estudiantes han sido maravillosos, he aprendido mucho de ellos. Lo primero que aprendí es que yo no soy docente sin estudiantes. Todos los lunes que hago clases les agradezco que estén ahí, el docente no es solo una persona que llegue a las clases e imparta lo que es «académicamente correcto», necesitamos estar muy comprometidos con ellos para obtener buenos resultados”. Cree que sus estudiantes han aprendido con ella a romper prejuicios en torno a la discapacidad, comenta que tienen una relación de mucha confianza y respeto. El 2009, cuando comenzó a hacer clases, el primer curso que tuvo fue de 7 estudiantes y ahí se fue ampliando y corriendo la voz de su labor y el semestre recién pasado tuvo tres cursos de 35 estudiantes cada uno. “Agradezco mucho esta oportunidad que me da la universidad y este aspecto de inclusión deberían extenderse a todas las carreras, otras facultades y otras universidades, porque creo que esto compromete todas las áreas del aprendizaje e integrarse docentes con discapacidad. Necesitamos que los jóvenes crezcan con esta mirada de inclusión, porque más adelante van a ser ellos los gestores de políticas públicas, no nosotros”.

Desde el 2013 es conductora de Saliendo a Flote, un programa en la radio Universidad de Chile. “Es uno de los proyectos más hermosos que he hecho en mi vida y se creó gracias al aprendizaje con mis estudiantes porque el tema de la discapacidad está visto con harto asistencialismo, drama, moco, lloriqueo, y me di cuenta de que si podía cambiar esa realidad a través de la educación en un aula, por qué no también a través de las comunicaciones”. Le envió un mail a Juan Pablo Cárdenas, director de la radio presentándole el proyecto, se reunieron al día siguiente.

-¿Qué quieres hacer Carolina? ¿Eres periodista?-.

-No-.

-Haces clases en la facultad de Medicina, ¿eres médico?-.

-No-.

-Haces clases, ¿eres docente entonces?-.

-Tampoco, me convertí en docente acá-.

-¿Entonces, qué quieres hacer?-.

-Un programa dedicado a la discapacidad. Dame un programa piloto y pruebas si te gusta-.

Hicieron el piloto, salió al aire y le gustó y así comenzó este desafío, los primeros tres años dedicado sólo a temas relativos a discapacidad y hace tres semanas que amplió el contenido «me di cuenta de que yo no podía estar hablando de inclusión si solo hablaba de discapacidad y ahora tratamos temas relativos al adulto mayor, la comunidad migrante y diversidad sexual. Al final somos una sola cosa, 3 millones de adultos mayores, 3 millones de personas con discapacidad, entonces ya tenemos casi la mitad del país”.

También trabaja en turismo accesible con la consultora AGES, «que se tiró a la piscina con este tema». Con este trabajo comprobó que las personas de turismo quieren dar la mejor atención para las personas con discapacidad pero que actualmente no saben cómo hacerlo. No saben lengua de señas, no saben cómo pasar a una persona de sillas de rueda a la cama y están haciendo capacitaciones es esa área, porque reconoce que no hay falta de interés de este sector, sólo desconocimiento por parte de los empresarios de turismo.

Haciendo clases conoció a una de sus compañeras de vida, que se ha transformado en una parte fundamental: Berry, su perrita de asistencia. En una clase, quiso que sus estudiantes se interiorizaran de la labor de los perros de asistencia y cuando llegaron a la sala la vio; era la más pequeña de los perros que llevaron y el instructor de la Fundación Bocalán Confiar le comentó que estaban en trabajo de investigación y si le gustaría postular para tener un perro. Postuló y quedó. Hay miles de postulantes, la demora en la designación se define por la responsabilidad que el usuario demuestre hacia el perro. Desde el principio con Berry tuvieron mucho «feeling», hicieron el acoplamiento en la escuela durante tres meses y luego de eso se la entregaron de forma definitiva con dos años de entrenamiento.

La Fundación Bocalán Confiar se dedicada a la instrucción de perros de asistencia, desde que nacen, hasta los 2 años, para personas con discapacidad física o niños del espectro autista. Berry le ayuda a Carolina con todo, desde que despierta: le prende las luces, le abre las puertas, le ayuda a sacar los calcetines de los cajones, apretar los botones del ascensor. “Ella es mi independencia, mi otro 50%, hace lo que mis manos no pueden hacer». Por opción personal Carolina no trabaja los viernes y le dedica ese día exclusivamente a Berry, como forma agradecerle todo lo que hace por ella y van a jugar al parque Forestal.

Carolina acariciando a su perrita

En la foto: Carolina haciéndole cariño a Berry

Carolina visita a los pacientes con discapacidad física en hospitales, para conversar de su experiencia y de lo que viene hacia adelante en sus vidas, transmitiéndoles el lado positivo, que no es tan terrible el tema como dicen. “Creo que es súper importante escuchar a los pares y que te cuenten de esta realidad, que no es dramática, que no es altamente compleja y que depende de nosotros cómo uno quiera vivir la vida”.

Después del accidente ella estuvo un año internada haciendo terapia. “Es importante el tema, se debe conversar con la familia y saber cómo se sienten. Ha sido un crecimiento para todos en conjunto y de manera individual. Estoy feliz de poder haber vivido, si a mí me dijeran si yo pudiera volver el tiempo atrás y no haber vivido esto, no cambiaría nada de lo que he vivido hasta hoy, ni mi silla, que somos una sola, nada, porque ha sido mucho aprendizaje. Después del accidente, cuando me di cuenta de que quedé viva, tetrapléjica, que no movía del mentón hacia abajo y que no sentía nada, yo dije: tengo que seguir adelante y aprovechar la vida».

Ella no vio a su accidente como una barrera, sólo se dio cuenta de que la percibían de manera distinta cuando le dieron el alta y se fue a la casa. Su mamá le preguntó qué quería hacer y ella le dijo que quería ir a la feria, como siempre lo había hecho, saludaba a todos los feriantes y sus caseros y vio que varios estaban muy afectados por verla, lloraron y ella estaba como si nada. “Ahí me di cuenta de lo que pasa con el asistencialismo, para mí era continuar y seguir adelante, pasó un accidente no más y me miraron con una cara de drama tremendo. No sabía si la decisión que había tomado de ir a la feria estaba mal o si debía haberme quedado a la casa. Después entendí que este tema no afecta a una sola persona, hay que entender que uno no puede ser el ombligo del mundo, afecta a toda tu familia, pareja y amigos«. 

Discriminación, también

Hace unos días Carolina Pérez fue discriminada en el Metro de Santiago por el guardia de la estación, hizo una denuncia por Redes Sociales y otra judicial acogida por la Ley Zamudio, con la ayuda de la Defensoría de la Discapacidad y también con apoyo del Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS) y esta semana se instala formalmente la demanda. Explica que esta ley está ocupada en un 75% por personas con discapacidad y agrega que, “por un tema ridículo, las personas con discapacidad, somos los más protegidos, por ejemplo: espero ir cruzando por una calle llena de autos y que me toquen la bocina, no que paren todos para que yo pase, es tanto el asistencialismo hacia las personas con discapacidad que todo te lo permiten y cuando discriminan lo hacen de una forma muy cruda también”. 

Ella, está en pareja hace 7 años y viven con Berry en el centro de Santiago. “Estoy feliz de la vida, feliz del dolor, de la pena, de la rabia, de la alegría, de los aprendizajes porque todo eso te complementa, el dolor te hace aprender muchísimo, es un tremendo aliado, no un enemigo”, concluye.