PANORAMAS

10 de febrero 2014

El Tabo aplica mejoras en accesibilidad

Otro de los históricos balnearios del litoral central es El Tabo. Hace años, antes de las alternativas viales actuales, era paso obligado para todos los que se dirigían a Isla Negra, El Quisco o Algarrobo. Varias cuadras de comercio, supermercados y restaurantes siguen aportando a este lugar una significativa vida pública, la cual hoy se ve enriquecida por nuevas construcciones accesibles en el borde costero que benefician a pobladores y veraneantes.

El Tabo

El centro de El Tabo y la plaza principal

Las calles de El Tabo no están, en general, en buenas condiciones. Sí lo está la plaza, que bajo una superficie rugosa de baldosas comunica sus cuatro esquinas sin mayores obstáculos. En una de sus cuadras se levanta una muralla de casetas que, vistas de frente, componen el terminal de buses del balneario. Es un terminal con cero accesibilidad que carece de cualquier clase de conexión entre las boleterías y los buses.

Destaca en el lugar, de manera positiva, el centro de pago de «la luz» usada en El Tabo, mientras que de manera negativa las aceras que rodean el cuadrante, incluidos los paraderos y las entradas a los locales comerciales. Más adelante, avanzando por la avenida principal en dirección sur (hacia San Antonio), los negocios y restaurantes ofrecen algunas opciones de ingreso accesibles y otras del todo restringidas para usuarios de sillas de ruedas. Las veredas del sector varían una a una y no permiten una desplazamiento continuo.

El nuevo paseo costero

Paseo Costero El Tabo

Distintas vías conducen hacia la gran playa de El Tabo. Una de ellas es la calle Prat, acceso muy recomendable por ser peatonal, amplio y rico en puestos de artesanía y murales coloridos. Al final de esta calle, no más larga que una cuadra, aparece el paseo costero.

En estricto rigor, se trata de una especie de plaza que alberga diversos locales y servicios y que permite una gran panorámica de la costa. Si bien su entrada central consiste en un gran descenso por escalera, por sus costados hay rampas largas muy bien diseñadas.

«Venimos todas las noches al paseo, viene harta gente y lo recorremos sin problemas, se puede bajar, está muy bien», declara Olga Aránguiz, usuaria de silla de ruedas de vacaciones en El Tabo. Es la misma familia de esta joven la que nos aconseja avanzar unos 500 metros hasta la playa de Chepica.

La playa de Chepica

Las banderas rojas sobre la arena no impiden que decenas de personas se refresquen en una playa de abundantes olas. Es Chepica, sector de El Tabo digno de rescatar por su larga entrada de madera hacia el mar. Si bien no alcanza a llegar al agua misma, facilita el ingreso a corta distancia de ésta.

«No hay que hacer tanta fuerza como en otras playas, todas deberían tener este acceso. Si tú ves, se llena a los lados de quitasoles de personas con discapacidad», manifiesta Susana Tejas, madre de una niña usuaria de silla de ruedas.

Entrada a playa Chepica

Efectivamente, al bajar por la entrada se observan tres familias con algún integrante con discapacidad. Al consultar a uno de estos grupos por su estadía, tres jóvenes indican que Chepica es la única playa a la que pueden llevar a su abuela a sentir el mar.

Abuela-en-playa