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23 de julio 2013

“La gente no espera ver a ciegos jugando tan bien; es un tapabocas”

El adiestrador de la Selección Nacional de Fútbol Ciego, César Pino, se prepara junto a sus dirigidos para enfrentar en septiembre de este año la Copa América. Con entrenamientos los martes, jueves y sábados, el plantel tiene la meta de aprovechar al máximo la experiencia y poder adquirir el nivel necesario para participar de los Juegos Paraolímpicos de 2016.

En entrevista para SigaChile, el profesor de educación física de la Escuela de Ciegos Santa Lucía relata las dificultades a las que se enfrentan día a día para ser una selección competitiva. También comenta las carencias culturales del entorno que impiden una verdadera inclusión para personas con discapacidad visual.

¿Cómo llegas a dirigir la selección?

– Nos llegó la invitación el año 2011 para un cuadrangular en Mendoza, Argentina. A partir de esa oportunidad, se empezó a formar un proyecto que más adelante se convirtió en generar un equipo competitivo, con intensiones de mantenerlo en el largo plazo en cuatro o dos ciclos olímpicos de alto rendimiento. Desde 2011 hasta ahora estamos trabajando con casi la mitad del equipo que participó en una copa del Parapanamericano de 2006 y 2007.

¿De qué manera se conforma el equipo?

– Yo trabajo en una escuela de ciegos hace siete años atrás. El tema del fútbol yo lo conocí desde que llegué a la escuela y en paralelo fueron dándose las cosas para poder satisfacer esa necesidad de los chiquillos. Las necesidades generales eran lograr participar en actividades que estuvieran fuera del estudio o las capacitaciones, y en base a eso, se genera un club perteneciente a la Federación para poder representar a nuestro país.

¿Cuál es el origen de tu motivación?

– Por un tema de interés personal que poco a poco fue abriendo un rumbo de mi vida porque sentí que no había una valoración del tema acá en Chile. Me fui enamorando de lo que es el deporte y el colaborar. Gestiono todo mi trabajo motivacional desde el deporte recreativo. Para mí esto es como volver a jugar. Jugué mucho tiempo cuando niño, no llegué a ser profesional, pero lo intenté a los 15 años, entonces conozco todo el proceso. Me provoca esa sensación de estar toda la semana con las ganas de que los chiquillos jueguen. Yo no los miro como si presentaran una discapacidad, los miro tal cual como lo hace cualquier profesor de un taller de fútbol en una escuela regular.

¿Qué es lo más te cuesta de tu trabajo?

– En la educación del entorno hay una barrera que romper. No dan el espacio para entender que una persona ciega requiere que las veredas estén lisas, que no hayan arbustos, que la gente limpie la caca de sus perros y no están las adaptaciones en las micros. También hay un tema cultural. Muchas personas piensan que los ciegos son tontos, que andan pidiendo plata en la calle, que son cochinos, que son mal educados. Todos esos comentarios no sirven para nada. Nosotros luchamos y somos la voz  que llamamos la atención del resto de la gente para mostrar que los ciegos sí son capaces de hacer muchas cosas, como cualquier otra persona.

¿Qué es lo que más te gusta?

– Cuando la gente ve lo que yo les he comentado. Cuando les hablo de lo que son capaces en el equipo, como que no me toman en cuenta pero cuando van a ver una exhibición, o ven videos del equipo, quedan impresionados. Dicen: ‘estos huevones son muy buenos’. Eso es lo que más me gusta y me mata: provocar esa reacción en la gente que no espera ver a ciegos jugando tan bien. Es como un tapabocas.

RUMBO A LA COPA AMÉRICA

¿Cuáles son las expectativas?

– Lo primero es vivir la experiencia porque solamente la mitad del equipo ha tenido una salida al extranjero. El concepto es empaparse de la vivencia que vamos a tener. En Chile no hay ligas, las potencias como Argentina y Brasil tienen 18 a 20 equipos, entonces la idea es poder asimilar las realidades que hay afuera. Es distinto que yo les transmita esto a que lo puedan vivir en carne propia.

¿Cuáles son las metas?

– En segundo lugar, es desarrollar en ellos el concepto de selección. Pasa por entender que no es un club o un taller de deporte, ellos son la Selección Chilena. La última parte es generar un roce internacional que nos proporcione una base de experiencia para poder desarrollarnos en los Juegos Paraolímpicos de 2016, que es sueño llegar porque aquí no hay financiamiento ni buena organización.

Si no hay financiamiento, ¿cómo lo logran?

– Esto nace por amor al arte, al fútbol. Yo desarrolle un gusto muy fuerte por el fútbol para ciegos. Los chiquillos lo hacen porque les gusta jugar al fútbol y representar una selección. En términos de plata, no hay nada. Los recursos que obtenemos de las exhibiciones están destinados cien por ciento a que los chiquillos puedan costear el transporte de quienes llegan en metro o Transantiago a entrenar.

¿Les facilitan canchas?

– Sí, hicimos un convenio con una empresa que se llama TerraSoccer. Ellos nos prestan, haciendo un cálculo aproximado, como 150 mil pesos en un día. De forma muy honrosa, nos regalan ese espacio de cuatro horas. También tenemos un convenio con una empresa que se llama KMP, relacionada a la kinesiología. Ellos nos facilitan como 50 millones en becas que tenemos anuales.